Aviso: esta no es una entrada especialmente alegre, pero ya les anticipo que tiene un final más o menos feliz.
Como tengo una abuela que está muy mayor, cuando me llaman a horas intempestivas cojo siempre el teléfono, por si son mis padres o ha pasado algo grave. El domingo muy de mañana me llamaron mis amigos, una pareja de viaje por Italia y a la que, como parece ser que no me gusta viajar, les cuido el gato cuando no están. El "gato" en cuestión es una especie de bayeta sucia con patas que, como señal de protesta por el abandono de hogar de sus compañeros de piso, suele vomitar y defecar con alegría por toda la casa -adivinad quien tiene que limpiarlo religiosamente-. El caso es que me llaman mis amigos, y me preguntan si me dejé alguna luz encendida de la casa cuando fui a dar de comer al bicho, porque les han llamado los vecinos... hay luz en su casa y una mochila en el rellano de las escaleras, probablemente de ellos.
Estaba seguro de no haber dejado ninguna luz encendida, pero dudé porque soy muy despistado. El caso es que me vestí a toda prisa y fui corriendo a su casa, a unas pocas manzanas. Hacía frio y me abrigué poco y, para variar, arrastraba una potente resaca. Cuando llego, tuve que sortear dos coches de la Policía Municipal, que estaban cerrando sendos "after hours". Me tocó aguantar estoicamente alguna que otra estupidez de borrachuzos que hacían chanzas sobre mis pintas y pelo un poco electrificado (no me dio tiempo a peinarme, joder), procuré quedarme con las caras de esos aspirantes a Fofito, llegué al portal y abrí. Empecé a subir las escaleras.
Al llegar al piso de mis amigos me encontré con los vecinos, muy nerviosos. Tanto, que tuve que llamar yo a la Policía Nacional, a ellos no se les había ocurrido. Que nadie se extrañe de este punto: los antisistema a tiempo parcial como yo a veces paramos en nuestra lucha contra el estado opresor, y llamamos a la Policía como el resto de los mortales. Como digo, al encontrarme tirada una mochila de mi amigo, la mirilla de la puerta abierta (es de las antiguas que, al girarla, dejan varios huecos grandes para ver quien hay) y luz asomando por debajo de la puerta y ventanas me di cuenta de que algo iba realmente mal... Con todas esas luces encendidas, parecía la casa de Poltergeist. Al final conseguí comprender algo de las frases inconexas que me soltaban los vecinos, que se resumía en lo siguiente: un ladrón había entrado en su casa por al patio -¡con ellos dentro!-, a través de una ventana abierta, y de ahí entraron a la segunda casa abriendo esta vez otra ventana. Al despertarse vieron que faltaban cosas en su casa y vieron luces en la de enfrente, cosa rara ya que sabían que sus habitantes estaban en Italia, y les llamaron al móvil. Ellos me llamaron a mi y acudí.
Y en ese punto cometí una tremenda estupidez, producto de los nervios. Antes he aludido a una balyeta con patas que deja la casa hecha una guarrada, pero que quieren que les diga, con los años le he cogido mucho cariño a ese gato, y estaba muy preocupado por él. Abrí la puerta y vi enseguida el salón desvalijado, todos los cajones de las cómodas estaban abiertos y su contenido por los suelos, asi que confirmado: habían entrado a robar. A bote pronto, al menos estaba la mastodóntica televisión en la que vemos True Blood y otras series molonas, cuya desparición suele ser un clásico en estos trances. Le pedí al vecino que me acompañara a entrar, y se negó -no se lo reprocho-. Entré entonces yo solo en el piso, mientras pensaba una y otra vez en todas las veces que he comentado "que malos y previsibles son los guionistas de las pelis de terror, ¿por qué la gente entra sola en los sitios y no espera a la Policía?".
Mientras avanzaba por la casa llamando y buscando al gato, me percaté de que hacía el camino inverso a los golfos apandadores, ya que el salón debió de ser lo último que "revisaron", ya que no había mucho desorden en él. Pero en las habitaciones interiores se tomaron su tiempo, porque ahí el caos era casi total, sobretodo en una de ellas. Al llegar al dormitorio vi por donde habían entrado, abriendo una ventana del baño. Ese ladrón es primo-hermano de Spiderman, porque pocas personas pueden trepar y saltar así. Al reflexionar sobre como entraron, me entró un escalofrío tremendo, porque estuve a punto de quedarme a dormir en la casa esa noche y hubieran entrado conmigo dentro, cosa que por suerte no hice por cuestiones relacionadas con la heterodisidencia (esta conflictiva y críptica parte se merece unas cuantas entradas propias, que ya desarrollaré).
No había ladrones en la casa -menos mal- pero tampoco había gato, cosa que dejó muy triste y preocupado. Al poco llegó la Policía, me tomaron declaración y me dieron una cita para que quedara con la Policía Científica, para que tomen huellas dactilares y demás... Me quedé otra vez solo en la casa, y el pobre gato sin aparecer por ningún lado. Al final tuve que irme, pero volví a casa por la tarde -menos mal que ya acompañado- y el gato salió rápidamente a recibirme. Nunca me he alegrado más de ver a ese bicho feo y guarro, la verdad sea dicha... se me saltaban las lágrimas y todo. No parecía muy estresado, y hasta comió un poco y se dejó coger.
Esta historia no tiene ninguna moraleja o lección, más allá de decirles que no tengan mucho dinero o cosas de valor que pesen poco en casa, y que cuidado cuando se larguen de vacaciones.

4 comentarios:
Al final el gato se cayó por la ventana o que fue lo que le pasó?...
Jajajaja, se había escondido el muy jodido, entre tanto desorden era fácil
balleta?
Aunque me ha saltado la LL a los ojos en cuanto posé los ojos en ella, he dudado por ser tú quien empuña el teclado. He acudido a mis diccionarios y en efecto; si nos estamos refiriendo al trapo de algodón o microfibras se escribiría con Y.¿Estoy muy equivocada? Sólo quería notificártelo, por si fuera menester cambiarlo, o para que me ilustres...
saluditos
Lo acabo de corregir, que vergüenza...
Muchas gracias.
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