
Una de mis primeras experiencias en Nueva York fue cuando de la oficina de empleo me enviaron a una agencia de modelos. Se trataba de un estudio de primera clase y tenía que preguntar por alguien con uno de estos dos nombres de peluquero: «El señor Charles» o «El señor Gary».
Después de que todo el mundo se hubiera marchado, el tipo me metió al estudio y, en el transcurso de una larga sesión fotográfica, acabó por emborracharme, desnudarme y follarme. Ni siquiera recuerdo cómo llegué a casa; perdí el conocimiento a mitad del polvo. De modo que nunca tuve la oportunidad de decirle que tenía la gonorrea. Me pregunto cuánto tiempo le llevaría darse cuenta de que se la había pegado y relacionarla conmigo.
Después de que todo el mundo se hubiera marchado, el tipo me metió al estudio y, en el transcurso de una larga sesión fotográfica, acabó por emborracharme, desnudarme y follarme. Ni siquiera recuerdo cómo llegué a casa; perdí el conocimiento a mitad del polvo. De modo que nunca tuve la oportunidad de decirle que tenía la gonorrea. Me pregunto cuánto tiempo le llevaría darse cuenta de que se la había pegado y relacionarla conmigo.
Unos se van y otras vuelven. Marta Peirano vuelve a actualizar su blog, y nos enteramos de la publicación de La Historia Oral del Porno. Pueden leer el primer capítulo gratis, que es divertidísimo... Y ya saben que Jordi Costa lo intentó, pero no es lo mismo, aunque hay partes verdaderamente desternillantes.
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